El Palacio Salvo se empezó a edificar en la década de 1920, por encargo de los hermanos José, Ángel y Lorenzo Salvo. Su familia había emigrado de Italia a mediados de 1860 y había alcanzado hacer mucho dinero a partir de un emprendimiento textil. Cuando los hermanos Salvo vieron el Palacio Barolo, en Buenos Aires, se enamoraron del proyecto y pidieron a su arquitecto, el italiano Mario Palanti, que diseñara uno similar para Montevideo como una manera de agradecimiento a la ciudad que les había dado tanto dinero.
Para construirlo tuvieron que tirarse abajo las edificaciones que ya estaban en esa manzana de la ciudad, como sucedió con la confitería La Giralda, donde se escuchó por primera vez La Cumparsita. El Salvo estaba pensado en un principio para ser un hotel con un faro en su cúpula, dado que, por su altura, una vez construido se transformaría en el más alto del mundo en hormigón armado. Sin embargo, desde su inauguración, en su torre comenzó a funcionar el servicio de vigía del puerto, que permaneció hasta fines de la década de 1960.
En 1996 fue nombrado Monumento Histórico Nacional, aunque la falta de mantenimiento y de deudas se convirtió en motivo de discusión entre el Estado y sus accionistas.